Ya no recuerdo el significado de fuerza, ni siquiera recuerdo cómo me sentía cuando creía en ella como aliada. Olvidé esa época en la que me coronaba reina, guerrera, o lo que fuera.
Cambié mi valor por tristeza vestida de falsa esperanza, mi armadura por coraza, mi espada por cadenas y mi escudo...él tan solo desapareció.
Cambié todo, para conseguir nada.
Me encuentro corriendo a ciegas en un laberinto de luz oscura, y al caer la noche mis dedos solo quieren recorrer las frías sábanas buscando toparse contigo, pero tú no estás desde ayer, o puede que desde hace meses, puede que nunca estuvieras.
Ojalá cánticos de sirenas que me arrastren al mar para volver a sentir la alegría que perdí.
Hace tiempo que no escribo en línea recta y ahora vivo divagando, me pierdo entre las sombras de mis pensamientos, monstruos que me controlan y que se burlan tirándome al suelo como si de una pelota me tratara.
Y ya en el suelo me pregunto, ¿Qué hice mal? ¿A quién hice tanto daño? ¿Por qué estoy pagando semejante castigo? ¿Acaso estoy pagando la deuda de otra persona? ¿De otra vida?
En serio, ¿en qué me he equivocado?
Yo, que de niña me acostaba suplicando para que no murieran las hadas.
Yo, que hacía montones con las hojas en otoño, para que no pasaran frío.
La misma yo que admiraba las nubes, aunque estas taparan el sol.
¿Acaso esas hadas debían morir? ¿Esas hojas estaban destinadas a tiritar separadas? ¿Las nubes se sintieron amenazadas al ser observadas?
Quizás me equivoqué entonces. Lo lamento.
Cierro los ojos. Sigo tumbada. Ahora lágrimas ácidas brotan de mis ojos. Comienzo a recordar cómo me siento, releo todo lo que estoy escribiendo con mis torcidos renglones.
De pronto lo noto.
Siento como alguien estira de mi brazo, abro los ojos al notar ese calor que me lleva a la superficie de ese lago en el que me estaba ahogando. Entonces te miro, te reconozco. Nunca te fuiste, ni ayer, ni hace unos meses, siempre has estado ahí para recogerme.
En este momento la coraza pesa menos, las cadenas son más cortas, siento que el traje de mi tristeza puede que tenga algo de esperanza real y mi escudo, no desapareció, lo tengo delante agarrándome de la mano para transmitirme algo de fuerza.
Y ahora sí, por fin, ahí están las sirenas, ahora escucho sus voces, las noto lejanas, como la voz de un antiguo recuerdo agradable. Pero al menos las oigo.
Estoy a salvo, lo sé cuando ya a flote sigues a mi lado.
Solo puedo alzar la mirada para reflejarme en tus ojos. Verdes o azules, ¿Quién sabe?
Lentamente y con miedo a que te esfumes separo mis labios para pedirte un último favor.
No me sueltes, por favor.