Risas, palabras, destellos de luz propia bailando al unísono alrededor de una cálida llama aparentemente eterna. Bailan y juegan inocentes, sonríen en paz y los latidos de sus corazones marcan un ritmo vivo que les anima a seguir bailando, sin miedo, tanto tiempo como ellos quieran, o eso quieren creer, porque todo está bien.
Entonces tú, otra vez, fuerte y sin invitación te presentas, dañando todo lo que ves a tu paso, apagando cualquier llama que se alce, aunque eterna parezca, silenciando latidos que una vez sonaron, ¿dónde?, quién sabe, pero sonaron.
Te presentas como tormenta en un mar calmado, como huracán donde solo había brisa o como un tigre en el hogar de las gacelas. No te importa nada, solo quieres parar esos destellos que una vez bailaron, el resto da igual.
Ojalá risas, ojalá palabras, ojalá luz bailarina.
Y me haces huir, me haces odiarme, me haces partícipe de tu presencia, me haces culparme por tu existencia, me haces teñirme de negro y te enfadas si lloro, aunque ese fuera tu objetivo, me haces arrinconarme en lo más profundo de mí, me haces oírte y me haces agrandar tu ego, aunque eso solo ahogue más a esa débil llama que lucha por encenderse de nuevo. Demasiados me haces, ojalá no existieran.
Callo, aunque grito, aunque no debería.
Ojalá risas, ojalá palabras, ojalá luz bailarina.
Sufro sabiendo lo que soy. Soy todo y nada en concreto, soy la suma de la cálida llama y el huracán enfadado, soy la consecuencia de una mala influencia. Soy un daño colateral.
Nada era así al principio, y nunca debió cambiar. No recuerdo qué pasó, ni quiero recordar. Sé que la tormenta acaba dejando tranquilo al mar, que el ojo del huracán acaba cerrándose, que el tigre se va. Sé que tú te marchas, permitiéndome encender el cálido fuego una vez más, haciéndome creer que esa habrá sido la última vez que vienes. Y todo vuelve a brillar, se vuelve a bailar alrededor de la llama, se vuelven a escuchar latidos, surgen de nuevo las risas, porque todo está bien.
Pero no, nada está bien.
El tiempo no siempre cura las heridas, a veces las acentúa, pero no le culpo por haberme cambiado, por haber enfriado parte de mi brillo, por haberme prohibido bailar a mis aires, por haber cambiado el silencio por los gritos enfadados. Ojalá pudiera culparle, ojalá hubiera alguien a quien culpar.
Ojalá risas, ojalá palabras, ojalá luz bailarina. Ojalá.
Premio a la mejor autora comarcal en la modalidad de poesía XI Certamen literario "Rodrigo Manrique" Villa de Siles.
Qué lindo escribes. Nunca dejes de hacerlo.
ResponderEliminarOjalá destellos de tu propia luz.